Denuncian a un centro ecuestre que albergaba caballos, perros y aves en pésimas condiciones higiénicos-sanitarias

Los propietarios pagaban 50 euros por cada caballo alojado y 30 euros por cada perro, y en los corrales había gallos de pelea

Efectivos del Grupo de Protección de la Naturaleza (GRUPRONA) y del Grupo Operativo de Apoyo (GOA) y Unidad Canina de la Policía Local de Málaga, en colaboración con la Sociedad Protectora de Animales y Plantas, han investigado un centro ecuestre que, además de équidos, albergaba perros y aves sin permiso y en condiciones higiénico-sanitarias inadecuadas.

Durante la inspección, los policías locales comprobaron que los alrededores del recinto no contaban con la higiene y seguridad necesarios, con numerosos vertidos, escombros, muebles viejos y maleza, a lo que se añadía que la explotación no estaba aislada del exterior de forma que permitiese un control eficaz de entradas y salidas de vehículos, personas y animales.

Lo primero que llamó la atención a los agentes fue que a pesar de tratarse de un centro ecuestre, también se daba cabida a perros y aves. De hecho, los propietarios de los animales pagaban 50 euros por cada caballo alojado y 30 euros por cada perro.

Además, el centro carecía de programa higiénico-sanitario visado por un veterinario, que tan solo se encargaba de gestionar telemáticamente el libro de explotación y únicamente supervisaba a un animal cuando el propietario requería sus servicios. Eran los propios dueños los que se encargaban del cuidado y limpieza de sus animales, desconociéndose las medidas a adoptar ante enfermedades infecciosas, limpieza general y desinfección de las instalaciones o la gestión de los animales muertos.

Los suelos y paredes de las instalaciones donde se encontraban alojados los perros estaban llenas de suciedad, con un fuerte olor a heces, y sin desagües ni canalización para una adecuada limpieza y evacuación de residuos. Las naves además carecían de ventilación e iluminación suficientes. Las perreras, algunas de las cuáles no contaban ni con agua ni con comida en el momento de la inspección, estaban cerradas con cadenas y candados, sin que ningún responsable de las instalaciones tuviese copia de las llaves, lo que hacía que los animales se encontrasen desamparados y abandonados a su suerte ante cualquier caso de accidente, incendio u otro tipo de emergencias.

Uno de los perros con heridas y las orejas mutiladas.

En concreto, los policías locales comprobaron como uno de los perros no presentaba buen aspecto higiénico sanitario debido posiblemente a algún tipo de enfermedad del tipo leishmaniosis, ya que se le observaban lesiones compatibles con dicha enfermedad y delgadez extrema.

Las evidencias indicaban que se trata de un establecimiento destinado a alquiler de perreras o residencia canina para la que se carecía tanto de núcleo zoológico como de licencia de apertura, además de no poseer un libro de registro con datos de los propietarios y animales alojados, ni documentación de los mismos, interviniéndose durante la inspección un total de 18 canes por carecer de identificación, de los que en nueve casos se trataba de perros potencialmente peligrosos, careciendo el centro de la preceptiva autorización municipal necesaria para albergar este tipo de canes. Algunos de los perros carecían de vacunación obligatoria y otros se encontraban sin registrar.

Durante la intervención se presentó en el centro uno de los propietarios, que tenía varios galgos allí. Fue denunciado por no tenerlos identificados ni con las vacunas obligatorias, además de por mantener a uno de ellos siempre atado.

En cuanto a los caballos, algunos no estaban registrados en el libro de explotación y uno de ellos constaba como desaparecido. Tampoco se reflejaban asientos sobre animales en tránsito, al parecer debido a que el programa informático no lo permitía hasta un mes después del traslado.

Zona lateral de las instalaciones.

Por su parte, los corrales estaban levantados con mallas metálicas, chapas viejas, maderas y otros materiales de desecho y albergaban un total de más de cincuenta aves, doce de las cuales eran del tipo ‘Gallo Combatiente Español’ alojadas en jaulas individuales.

El estado de las aves era en general bueno, pero no así de las instalaciones, que mostraban un aspecto de deterioro y falta de higiene, desinfección y desinsectación, además de ubicarse junto a materiales de desecho y chatarra que hacían peligrar la seguridad de los animales cuando salían de las jaulas, ya que mostraban elementos punzantes y oxidados, y materiales con aristas cortantes.

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