El problema sin resolver de los perros potencialmente peligrosos

Torito fue abandonado hace dos años a las puertas del refugio de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas (SPAP) y ahí sigue. Sus dueños, de Rumanía, alegaron que tenían que volver a su país, y no podían llevárselo. Tiene cuatro años, es sociable con otros animales, activo y muy cariñoso con personas, pero seguramente se pase el resto de su vida en el refugio. Lo mismo le pasa a Dwayne, también de cuatro años. Él fue incautado por la policía hace tres porque sus propietarios lo tenían en malas condiciones. También tiene todas las papeletas para pasar el resto de su vida encerrado. Es lo que pasa con los perros de razas potencialmente peligrosas (PPP), que desde que se implantó la ley de sacrificio cero en febrero de 2017 engrosan las estadísticas de las entradas en los centros de recogida animal de Madrid. Son los más abandonados y los menos adoptados. Su destino: la cadena perpetua.

María José Montes, directora del centro de la capital, La Fortuna, lo ratifica. “Para nosotros, De los 200 perros que tenemos, el 70% pertenecen a estas razas. Además no suelen tener ningún problema de agresividad, pero la gente no quiere complicarse la vida y acaban encerrados en jaulas de por vida”. Eso contribuye a que el centro esté estancado a la hora de recoger otros animales abandonados, por lo que se han visto obligados a restringir las entradas. “Y luego esos perros, que entran en el centro perfectamente, acaban con problemas de ansiedad crónica por el encierro. Lo pasan mal, se autolesionan, se ponen a dar vueltas sin parar, a dar saltos, a cada uno le da por una cosa… Son animales que acaban sufriendo años y años por estar encerrados. ¿Ese es el bienestar animal que queremos?”, explica Elena Repullo, jefa de la unidad técnica de PPP del departamento veterinario del Ayuntamiento de Madrid, que se pregunta si antes de empezar a aplicar la ley de sacrifico cero no se tendría que haber apostado por una de abandono cero.

Lola Juliá, directora del Centro de Recogida de Las Rozas va más allá. “En general tenemos un problema con los PPP porque la Comunidad no ha hecho nada por mejorar sus condiciones y el 90% de los perros que tenemos son de ese tipo de razas. El resto puede salir más o menos pronto. Pero la vida de esos perros es nefasta. El 80% acaba en una jaula y cuando se pensó en la ley se deberían haber puesto una batería de medidas para que no vivan toda su vida en cheniles y mueran allí”. Teresa Lucas, directora del centro de recogida de animales de la Mancomunidad de Henares del Jarama apunta al mismo problema: “Hemos pasado de infligirles la pena de muerte a condenarles a cadena perpetua”.

“Como antes se mataban, cuando no existía la ley de sacrificio cero, no pasaba nada y nadie ponía remedio al principal problema, el del abandono. Digamos que era un problema que a nadie le importaba. Hace unos años los PPP se pusieron de moda y empezaron a haber muchos, y ahora se ve el problema, pero es que no se persigue la cría ilegal y sin control y se acaba criminalizando a todos los PPP. Hay que apuntar a la base, porque no se controlan y se venden en cualquier sitio”, explica Matilde Cubillo, presidenta de Justicia Animal y de la Federación de Asociaciones Protectoras y de Defensa Animal.

Criminalizar la morfología “El perro procede del lobo y culpa de esta transformación es la funcionalidad que ha mostrado al hombre desde hace miles de años. Este hecho es el que hizo que el hombre empezase a seleccionar el tipo de perro que necesitaba para una optimización de sus tareas diarias. La gran selección y creación de razas hace necesario hoy en día la clasificación del perro por grupos, y esta viene dada ya no solo por características morfológicas, sino por características temperamentales y su predisposición a realizar diferentes tareas”, analiza Marcos Sánchez Marfil, adiestrador y dedicado, también, al mundo de la competición canina desde 2003. Aunque el perro tiene un origen común, continúa, “no podemos comparar las diferentes razas entre sí. Un Husky o un Rottweiler no van a tener los mismos impulsos, el mismo carácter o van a ser adecuados para los mismos trabajos. Es responsabilidad de cada dueño conocer las necesidades de su perro, su control y educación”.

Para Sánchez Marfil, experto también en tareas de seguridad con perros, la clave está en que “hoy en día nuestra ley de PPP criminaliza a determinadas razas y las clasifica como potencialmente peligrosas por sus características morfológicas. Pero es completamente incierto que un perro sea agresivo por pertenecer a una raza. El perro provocará problemas de conducta cuando no ha recibido la educación adecuada”.

Repullo comprueba esa teoría en su día a día en el centro de recogida animal de Madrid: “Todos los perros que tienen algún problema de conducta o agresividad pasan por mí, porque están obligados a pasar por revisión. Y normalmente se repite la misma situación: son animales de guarda, sin socializar correctamente, no tienen contacto con personas ni con perros. Y muchas veces su reacción no es agresividad, es miedo. Me da igual que estén en un polígono industrial que en un súper chalet en La Moraleja. Si no están bien socializados se convierten en un problema, y la culpa es de los dueños”.

“Realmente la gente se sorprendería del corazón y la nobleza de este tipo de perros”, explica el adiestrador Sánchez Marfil. “Es verdad que requieren de una atención física determinada y, sobre todo, de una educación que los dueños tienen que tener en cuenta. Pero son unas atenciones que también deben recibir un Pastor alemán o un Labrador. Son perros que pueden vivir en sociedad, pero que su educación y control tiene que ser el adecuado”, insiste. “De verdad que es una barbaridad pensar que el perro es agresivo solo por ser de la raza”.

OCHO RAZAS, Y SUS CRUCES, EN EL PUNTO DE MIRA

Lo cierto es que la alarma social crece cuando perros de estas razas atacan a seres humanos, por las consecuencias de sus mordeduras. El pasado diciembre, un Pitbull, suelto y sin bozal, hirió en la mano a un hombre cuando miraba un escaparate en Canillejas. Un mes antes, dos mujeres murieron en Colmenar de Oreja tras ser atacadas por dos de sus propios perros, ambos cruces de Dogo Argentino y Staffodshire. Ambos fueron sacrificados. “Las heridas las hubiera provocado igual un Mastín, que no es considerado peligroso”, asegura Elena Repullo. “Cuando un PPP muerde es noticia, pero si lo hace un Pastor alemán ya no es tan importante esa noticia. Se ha señalado a esos perros mientras otras razas gozan de una popularidad excelente. En mi opinión, parte del problema viene de la cría irresponsable, ultra masiva y lucrativa, como la tenencia irresponsable de los dueños. Yo creo que hay que regularlo con sentido común y responsabilidad. Creo que en España hemos evolucionado mucho en tema animal, pero tenemos que dar un paso más, desterrar de una vez por todas los pensamientos y creencias absurdas y poner nuestro foco en la educación y bienestar de nuestro perro”, analiza el adiestrador Marcos Sánchez Marfil.

Según datos facilitados en junio de 2018 por el Ayuntamiento de Madrid, el registro de perros de razas peligrosas se ha triplicado en la capital durante la última década. En 2007, se censaron 360 y la cifra llegó hasta 1.103 en 2017. En la región hay ahora censados 8.450 de estos canes. El Real Decreto 87/2002 considera razas peligrosas a los Pit Bull Terrier, Staffordshire Bull Terrier, American Staffordshire Terrier, Rottweiler, Dogo Argentino, Fila Brasileño, Akita Inu y Tosa Inu. También, a los perros que resulten de cualquier cruce en el que esté implicada alguna de estas razas.

La ley obliga a que los dueños de estos perros acrediten la mayoría de edad, además deben tener una licencia municipal y un seguro de responsabilidad civil. En lugares públicos, están obligados a pasearlos siempre atados con una cuerda no extensible de menos de dos metros —independientemente de la franja horaria— y con bozal.

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