El creciente aumento de la empatía por los animales entre la sociedad española no ha pasado desapercibido para las llamadas mafias de la mendicidad. Estos grupos organizados son conocidos por controlar la calle, apropiarse de los espacios con más tránsito e impedir, a menudo con amenazas, que otras personas que de verdad piden dinero para ellas puedan ejercer la mendicidad en las zonas que controlan. Su práctica más reciente es el uso de animales para conmover a la ciudadanía en busca de limosna que ira destinada a la propia organización. Los animales que utilizan, entre los que hay incluso gatos, están desnutridos, son explotados y se han conocido casos en los que son drogados para mantenerlos inmovilizados. En otros casos, son animales robados o adoptados directamente de las perreras municipales, lo que deja en evidencia el descontrol de las administraciones públicas al gestionar estos centros en los que los se sacrifican animales a diario.

A favor de quien convive con animales y en contra de quien vive de los animales

La portavoz de PACMA, Laura Duarte, asegura que los Ayuntamientos y las Comunidades Autónomas “no están haciendo nada por estos animales”. “Hay leyes autonómicas de protección animal y ordenanzas municipales que no prohiben el uso específico de animales para ejercer la mendicidad. La dejadez política degenera en un descontrol que provoca un sufrimiento fácilmente evitable para los animales”, explica Duarte. Para el Partido Animalista esto es un motivo más para amparar a los animales dentro de una ley nacional como la Ley General de Bienestar y Protección de los Animales (Ley Cero) presentada por los responsables del partido a la Ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera.

Esta ley redactada por las juristas del Partido Animalista no sólo frenaría esta práctica de las mafias de la mendicidad, también protegería a los animales de personas sin hogar que “de verdad piden para ellas y sus animales” y que en ocasiones se ven “abocadas a dormir en la calle para no abandonar a un miembro de su familia”. Y es que la Ley Cero incorpora medidas como el libre acceso de animales a los albergues de acogida para personas sin hogar y les da acceso a programas de vacunación, desparasitación y esterilización, entre otros servicios de atención veterinaria.

Los gatos, también

Las mafias no sólo abusan de los perros. Cada vez es más frecuentes el uso de gatos que, además de sufrir los mismos problemas que los perros (desnutrición y administración de drogas), permanecen durante horas atados, algo totalmente contrario a las necesidades derivadas de su especie, como recuerda la etóloga de PACMA Mónica Arias: “Recientemente se observan gatos en la calle con personas, sin agua, ni comederos, ni camas, ni bandejas sanitarias. Atados con un cordel al cuello, en posición de sentados, extrañamente quietos ante el incesante trasiego de personas en céntricas calles de Madrid que pone en duda el bienestar de algunos de estos animales”. “El bienestar de un gato”, continúa Arias, “viene dado por unos elementos básicos como una adecuada nutrición, cuidado veterinario, aseo, hábitat adecuado, libertad para realizar sus conductas naturales, tiempo de descanso y falta de miedo o estrés, libres de sufrimiento físico y mental. Para un gato es importante tener lugares donde poder esconderse de los estímulos que le rodean. Un aspecto fundamental de su alimentación es poder contar con el alimento siempre a disposición debido a que comen con mucha frecuencia pero poca cantidad”. Si el uso específico de animales para la mendicidad por parte de las mafias es lesivo para los perros, los gatos lo pasan aún peor.

Cómo detectarlas y denunciarlas

El Partido Animalista recomienda a la ciudadanía actuar contra estas mafias. Es importante denunciar a la policía local ante la más mínima sospecha de que un animal está siendo usado por las mafias con el único interés de conmover a los transeúntes. Hay una serie de indicadores.

El animal podría estar siendo sometido a un uso ilegal si:

  • Parece desnutrido o no está bien atendido.
  • Permanece exactamente en la misma posición durante horas.
  • Esta sentado, pero se le cae la cabeza y presenta síntomas de somnolencia.
  • Parece desorientado o se mueve con dificultad.
  • No reacciona a estímulos externos (sobre todo en los gatos).
  • El mismo animal ha sido visto con distintas personas que ejercen la mendicidad, incluso en el mismo día.
  • Detectamos que la misma persona está ejerciendo la mendicidad con distintos animales en diferentes días o lugares.